MISIONES.UNO – En Venezuela, la intervención militar de Estados Unidos y la posterior confirmación de la captura de Nicolás Maduro provocaron reacciones contrapuestas en América Latina, con apoyos explícitos, rechazos por soberanía y llamados urgentes a instancias multilaterales.

La operación militar ejecutada por Estados Unidos en territorio venezolano y la confirmación de la detención de Nicolás Maduro generaron una inmediata fractura diplomática en la región. Gobiernos de distinto signo ideológico fijaron posiciones opuestas: mientras algunos celebraron lo que consideran el final de un régimen ilegítimo, otros denunciaron una violación al derecho internacional y advirtieron sobre riesgos de desestabilización regional, según reportes de la Agencia Noticias Argentinas.
En Argentina, el presidente Javier Milei expresó un respaldo pleno a la acción estadounidense. A través de un comunicado oficial y declaraciones replicadas por Cadena 3, calificó el hecho como un “día histórico para la libertad”. En la misma línea, la Cancillería instruyó a la delegación ante la OEA para conformar un bloque que reconozca de inmediato un gobierno de transición. El canciller Pablo Quirno afirmó que el país apoyará la restauración democrática y está dispuesto a colaborar con asistencia humanitaria y reconstrucción económica.
Colombia adoptó una postura de rechazo. El presidente Gustavo Petro alertó sobre el riesgo de una guerra civil prolongada y el impacto en la seguridad fronteriza, de acuerdo con informes de Página 12 e Infobae Colombia. La canciller Rosa Yolanda Villavicencio solicitó una reunión urgente de la CELAC para exigir garantías sobre la vida de los detenidos y el cese de los bombardeos.
México, bajo la presidencia de Claudia Sheinbaum, condenó el uso de la fuerza en línea con la Doctrina Estrada de no intervención. Según Ecoportal y La Jornada, la mandataria instó a la ONU a asumir un rol activo para evitar una catástrofe humanitaria y rechazó las capturas extrajudiciales.
En Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva expresó “profunda preocupación” y advirtió sobre las consecuencias de una intervención sin aval del Consejo de Seguridad de la ONU, al tiempo que intentó posicionarse como mediador. Panamá, por su parte, adoptó una política de “neutralidad activa”, enfocada en garantizar la seguridad del Canal ante posibles impactos en las rutas marítimas del Caribe, según indicó el canciller Javier Martínez-Acha.
Desde el liderazgo opositor venezolano, María Corina Machado difundió mensajes —con ubicación reservada por seguridad— en los que llamó a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana a no resistir y a facilitar una transición pacífica. En el plano multilateral, el secretario general de la OEA, Albert Ramdin, convocó a una sesión extraordinaria del Consejo Permanente e invocó de facto la “responsabilidad de proteger” ante denuncias de crímenes de lesa humanidad y narcotráfico.
Analistas internacionales ofrecieron lecturas divergentes. Arantxa Tirado calificó el hecho como un “golpe de fuerza imperialista” orientado a los recursos energéticos, mientras que Andrés Oppenheimer sostuvo que la captura marca un punto de no retorno para la influencia de China y Rusia en la región. Damián Pachter informó desde Tel Aviv que inteligencia israelí colaboró en la geolocalización de objetivos en Fuerte Tiuna, facilitando la operación con bajas civiles mínimas.
En el terreno, Colombia elevó el nivel de alerta en Norte de Santander ante posibles desplazamientos masivos o ingreso de grupos irregulares, y Brasil dispuso el cierre preventivo del paso de Pacaraima, en Roraima. En Caracas, Diosdado Cabello intentó movilizar milicias mediante transmisiones de emergencia desde ubicaciones móviles, mientras que el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, se encontraría resguardado en una base del interior del país buscando mantener la cohesión de la FANB ante el vacío de poder.
